jueves, 21 de junio de 2012

Cagada de madrugarunning, nunca mejor dicho.


Bueno, lo sucedido en el madrugarunning de hoy es algo que merece ser contado, la verdad. Y algo no tan raro en la gente que corre a horas tan intempestivas.

Todo empezó con normalidad, a pesar de que tardé en dormir bastante por un problema con una vecina en la junta de la comunidad, que me alteró bastante. Y debido al nerviosismo que sufrí con dicho altercado tardé en dormir y pasó lo que luego me pasó.

Despertador a los 3 cincos, para arriba, dos sorbos de bebida isotónica, agua en la cara para despertar bien y refrescar, vestirse, y a la calle.

Empezamos a correr con espesa niebla, que agradezco porque me hace más anónimo aún en esas horas tan inhabituales para correr. Y al poco de empezar, en plaza de Toros practicamente, empiezo a notar ganas de ir al baño. Pienso en que se pasarán, y que aguantando un poco al principio luego se irán, y así aseguraría una buena visita a Roca en casa. Pero no, las ganas en aumento, las alarmas empezaban ya a sonar… Pienso hasta en si entrar en algún edificio de Hospital… lo descarto lógicamente. Tampoco quiero darme la vuelta porque eso sería abortar el entreno de hoy. Así que seguimos y nos adentramos en zona que da a Montecerrao.

Las ganas ya son insoportables, apuro el ritmo, pienso que si logro aguantar encima haré un tiempazo en los 8 kilómetros previstos. Pero la cosa no cede, y en mi mente la idea de plantar el pino en algún resquicio rural y apartado de Montecerrao cobra cuerpo. No digamos ya cuando me acuerdo de que llevo un papel de cocina envolviendo las llaves de casa en el bolso. Ya no hay excusas, tengo todo el material necesario.

En zona capilla paro el crono y ya con la alarma roja sonando sin cesar empiezo a buscar un sitio para coger postura de parar un penalti. Encuentro uno ideal, pero al meterme descubro que era hierba amontonada y meto el pie hasta el tobillo. Durante un segundo pensé que era abono y un escalofrio recorrió mi cuerpo. Salgo como puedo de allí, y entonces empieza el momento ratón. Si, momento ratón, moviéndome como un loco atrás y adelante, a un lado y a otro buscando un hueco para mi urgencia. No encuentro nada que me satisfaga. Decido tirar al final de la cuesta de Montecerrao que allí hay una especie de caleya que lleva a praos y unas casa. La bajada agrava mi estado y ya la cosa es cuestión de segundos. Llego a esa zona, y descubro un medio camino en el prado bajo un árbol perfecto. Empezamos operación decididos, bajada de pantalones y en cuclillas. 5 segundos maravillosos, uso de mi amado papel de cocina, subida de pantalones, y otros 5 segundos para admirar la obra de arte. Y más ligero que una perdiz a correr de nuevo. La verdad, una buena marca de plantamiento de pino. Más rápido imposible.

Luego unas vueltas por parque Montecerrao hasta más o menos llegar al tiempo que llevo en esa zona, debido a que mi circuito quedó abortado totalmente ante la emergencia. Al final salieron los 45 minutos habituales para los 8 kilómetros, y llegada a casa para contar la contingencia a la señora. Lógicamente no daba crédito.

Por último decir que después de desayuno nuevo apretón, con visita a Roca bastante prolongada, llegando incluso por ello algo tarde a trabajo…. Y aún sigo con estómago algo raro. Definitivamente la vecina hija puta me hizo trizas los intestinos.

Saludos caganderos, esto correnderos.

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